miércoles, 13 de octubre de 2010

El Museo de Colecciones reales toca techo

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Ya ha alcanzado su altura máxima el futuro Museo de Colecciones reales de Madrid. 
La parte positiva es que sus 40 metros de alto por 150 de largo no tapan las vistas de la catedral de la Almudena ni las del Palacio real según sus autores, Tuñón y Mansilla.



Las asociaciones de vecinos del centro y muchos vecinos más de Madrid sin embargo opinan que la construcción del nuevo edificio es grave error que deteriora el entorno y las vistas del paisaje.

Por otro lado COAM he defendido el proyecto y sigue haciéndolo a día de hoy.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Este edificio, como muchos otros, es resto y consecuencia del efecto Guggenheim, de los excesos de la burbuja inmobiliaria y de esa perniciosa idea de que las ciudades se renuevan a partir de gestos icónicos puntuales (como si Bilbao hubiera renacido por obra y gracia de Frank Gehry y no por el trabajo constante de una administración que durante veinte años estuvo preparando la ciudad para ser coronada por tan magnífico revoltijo de titanio).

No vamos a cuestionar su necesidad pero tal vez los arquitectos deberían haber sido más discretos y respetuosos con el entorno del Palacio Real. La intervención patrimonial requiere prudencia y templanza, dos virtudes que por desgracia ya no se enseñan en las escuelas de arquitectura.

Los colegios de arquitectos defienden toda propuesta continuista con el dogma moderno, que ha acabado convirtiéndose en un academicismo igual de rancio que en neoclásico del siglo XIX. Parte del "encanto" de estos arquitectos es creerse artistas de vanguardia que escandalizan a una sociedad aburguesada. Pero la arquitectura no es pintura o escultura, que pueden exponerse en un museo a la vista de sólo quien la quiera ver, sino que sirven a la sociedad entera.

Cabe preguntarse si este edificio sirve a algo más que al enorme ego de los arquitectos por colocar su firmita, como si de un mal grafitero se tratase(*), en un sitio visible para que todo el mundo contemple su bárbara proeza. Esperemos que su interior responda a su finalidad y que no sea un interior vacío de volúmenes amorfos
donde las venerables piezas deben pedir perdón por estar expuestas.

Un cordial saludo.

(*) Por mal grafitero, para evitar polémicas con quienes los defienden, me refiero a esos "vandalillos" que rotulador en mano van marcando con su "firma" tanto mobiliario urbano como rejas y muros. Excluyo por tanto a los que hacen una cierta labor artística al decorar muros y tapias con los que alegrar determinadas zonas degradadas.